Assumpta Baldó:

“Deberemos poner foco en el conocer más la esencia de los lugares a los que se viaja y no tanto en la prisa y en el tachar del listado los “highlights” de cada sitio por el que se pasa”

Soy propietaria y directora de Casa Mathilda, un Bed & Breakfast Boutique situado en el barrio del Eixample de Barcelona

Soy mujer con ya unos años de experiencia y trabajo para ser buena hija y mejor madre. Me gusta cuidar y que me cuiden. Ya que el crecimiento es inevitable, intento que aporte valor y conocimiento a mi vida.

Profesionalmente hablando, Casa Mathilda (llamado así por mi madre) es un proyecto muy personal fruto de una “casi fantasía” que me atreví a convertir en realidad, en una mezcla de experiencia vital e insensatez y del que estoy muy orgullosa.

¿Qué afectación está teniendo para ti la pandemia de Covid-19?

Los primeros días tenía la sensación de que nos había pillado un tsunami. Estábamos subidos a una inmensa ola y no quedaba otra que aprender a surfearla. Los últimos huéspedes “huían” del hotel pillando vuelos a la desesperada por el miedo al cierre de los aeropuertos y los que se quedaban lo hacían inseguros, pensando que quizás estaban cometiendo un grave error. Desbandada general y cierre a cal y canto del hotel. Todo muy rápido como para poder pensar. De repente dolor y muerte muy de cerca. Hemos tenido que aprender a asumir eso también.

Y poco a poco aprendes a surfear. Pensando que todo tiene un final y entrando en un periodo de reflexión, de paréntesis, de mirar para adentro tanto en lo personal como en lo profesional.

Cuando todo esto acabe y puedas retomar tu actividad normal, ¿qué cambios crees que vas a realizar en el corto plazo? 

A nivel profesional los cambios vendrán bastante impuestos por las normativas de distanciamiento. Vamos a buscar fórmulas para que, sin perder la esencia, nuestros huéspedes se sientan seguros.

La solución pasará probablemente por pequeños cambios como el llevar guantes de protección dentro del establecimiento, establecer turnos para los desayunos, extremando más (si cabe) la limpieza en el hotel, etc. La suerte es que nosotros ya tenemos muchos sistemas automatizados para evitar tocar documentos, llaves, etc. No nos tocaremos físicamente, por lo menos en el corto plazo, pero nuestros huéspedes nos seguirán sintiendo muy cerca.

A nivel personal esta crisis me ha hecho sentir mucho más vulnerable con todo lo que esto representa. Mis cambios serán pequeños en lo cotidiano, sólo en algunos detalles. El tiempo dirá si esto habrá sido la base de un cambio más importante.

Entonces, ¿qué cambios u oportunidades vislumbras en el medio y largo plazo en tu ámbito de actuación que tú personalmente puedas aplicar? 

Tengo la intuición de que esta crisis generará importantes cambios en lo que al ámbito turístico se refiere. Creo que hemos vivido el que espero sea el primero y último episodio de la cara más negativa de la globalización. Puede volver a ocurrir, pero nos pillará mejor preparados para ello.

Me preocupa la masificación del turismo: miles de personas en un crucero o en enormes hoteles. Ese aspecto deshumanizado del turismo, que invade los países a los que visita, y que me trae de nuevo la imagen del tsunami.
Y no estoy diciendo que sólo unos pocos privilegiados puedan viajar, porque todos tenemos el mismo derecho a hacerlo, pero creo que hay que educarse también en eso: deberemos poner foco en el conocer más la esencia de los lugares a los que se viaja y no tanto en la prisa y en el tachar del listado los “highlights” de cada sitio por el que se pasa. Pienso que esto es lo que nos ha llevado al desorden y a la masificación de la que casi todas las grandes ciudades se quejan.

El huir de esto ha sido y sigue siendo ahora más que nunca el espíritu de Casa Mathilda. El contacto con los huéspedes, el intercambio de experiencias, el que te inviten a visitarles a sus países de origen, que te cuenten desde su día a día del viaje hasta aspectos sorprendentemente íntimos de sus vidas… Creo que ésta es la riqueza del hecho de viajar, esos momentos mágicos que me siguen sorprendiendo todos los días en mi trabajo.

En definitiva, ¿cómo crees que tu organización debería transformarse para volverse resiliente en el futuro? ¿Qué alternativas vislumbras, más allá de la socorrida (y no siempre efectiva) “reducción de costes”? 

Desde la perspectiva del hotel pequeño la adaptación es siempre más fácil. Pero sí creo que los grandes establecimientos van a tener que hacer un esfuerzo importante. La reducción de costes nunca ha sido para mi una solución. Sí el optimizarlos mejor.

Creo que el secreto está en humanizar, en educar, en formar mejor a nuestros colaboradores, en culturizar… y que todos estos sean valores al alza en nuestra sociedad.

La reducción de costes justamente es lo que nos ha llevado al turismo de masas y a la “mala globalización”: mucho volumen de viajeros significa menor coste, pero también menor valor de la oferta y un empobrecimiento asegurado.

Una de las cosas que más me ha impactado de esta crisis es que lo ha sido realmente a nivel mundial. Ello, con todo lo grave y doloroso en cuanto al aspecto médico, quiero pensar que ha puesto la semilla de una nueva conciencia de globalidad humana, de menos etiquetas (ya sean de raza, de nacionalidad o de religión), de poner en alza el valor de la solidaridad, de que nos sintamos más cercanos y más “hermanos” los unos de los otros. Una ventana de esperanza.

casa matilda

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