Belén Fernández:

“Las ciudades necesitan mayor superficie para las personas, para pasear, hacer deporte y acercar la naturaleza a los hogares y, todo ello, adaptado para las diferentes edades y capacidades de los ciudadanos”

Soy Arquitecta y desarrollo mi actividad en el Instituto Municipal de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Barcelona (respondo esta entrevista a título personal)

“Aunque la jardinería ha existido desde siempre en las ciudades en forma de jardines privados, huertos y viveros, el espacio verde público apareció como tal después de la revolución industrial. 

La necesidad de mano de obra en los núcleos industriales atrajo a las ciudades una gran cantidad de trabajadores, cosa que provocó la progresiva falta de espacio vital. Esta masificación vino acompañada de una sanidad insuficiente, de ausencia de higiene y de la contaminación producida por las fábricas. El concepto de “parque público”, entendido como un espacio creado y financiado por el gobierno de la ciudad para el libre uso y disfrute de los ciudadanos nace, por tanto, ante la necesidad de oxigenar la ciudad para hacerla además más saludable.” 

[Extracto del apartado de Historia de la web de Parcs i Jardins de Barcelona].

Tras una extensa y variada experiencia profesional en el mundo de la arquitectura y la obra civil, me incorporo en el año 2018 al Instituto Municipal de Parques y Jardines de Barcelona, como vía para aunar tres de mis grandes vocaciones: mi profesión, mi ciudad y el aportar algo a la sociedad. Y, a día de hoy, me reconfirmo totalmente en la decisión tomada, porque creo que la idea reflejada en el texto inicial en cursiva sigue más vigente que nunca.

¿Qué afectación está teniendo para ti la pandemia de Covid-19? 

Me está afectando de un modo importante, dado que los cambios individuales y sociales son muchos, aunque procuro que la afectación sea positiva. Por suerte, mi entorno más próximo está libre del virus; las familias afectadas seguro que están viviendo una realidad más cruel.

A nivel individual las rutinas han cambiado por completo. Teletrabajo, hecho que agradezco enormemente. Pasar tanto tiempo en casa me ha aportado ventajas, como prestar más atención a cuidar mi espacio físico, disfrutar de mi hija y valorar mi familia. Es cierto que todo en exceso tiene sus contraprestaciones, pero también es un reto que merece la pena vivir.

A nivel social, hay multitud de cambios, aunque los que más me interesan y a los que dedico más reflexiones son aquellos que se quedarán en cada uno de nosotros. Saber si realmente vamos a mejorar como algunos dicen, o todo quedará igual. Si esto nos hará ganar en valores individuales y colectivos.

La gran capacidad que tenemos de adaptarnos al cambio, que probablemente es la clave de nuestro éxito como especie, también hace que seamos rápidos en olvidar. Creo que para aprender antes debemos desaprender, liberarnos de ciertas premisas que consideramos invariables, y esto es lo realmente difícil. 

A nivel profesional, ahora me dedico casi íntegramente a gestionar el día a día del estado de alarma, es decir, al mantenimiento del espacio público en infraestructuras de parques y otros espacios lúdicos de la ciudad. 

Ahora con la obligada baja afluencia, no tenemos tantas incidencias causadas por el mal uso o por el vandalismo, pero como servicio esencial que somos, los operarios no han dejado de salir a la calle para mantener las condiciones de seguridad, realizar actuaciones ante emergencias, además de señalizaciones y balizamientos. 

Y ya estamos trabajando en las condiciones de reapertura progresiva de espacios.

Cuando todo esto acabe y puedas retomar tu actividad normal, ¿qué cambios crees que vas a realizar en el corto plazo?

En primer lugar, los evidentes asociados a las necesarias medidas de prevención para evitar el contagio (acostumbrarnos todos al uso de mascarillas, etc.). 

Pero inmediatamente después, en cuanto sea posible, iré a dar un abrazo a mi madre, a disfrutar de una velada en una terraza con amigos o a darme un baño en la playa con mi familia.

Me gustaría también dar los buenos días por la calle a esos vecinos con los que hemos compartido aplausos en los balcones, reconocer a ese entrañable señor mayor que cada día saluda al vecindario desde su solitaria azotea y hacer de verdad algo más por mantener las ciudades sin su boina de contaminación. Me gustaría de verdad que algunos de todos esos aprendizajes de la pandemia se quedaran entre nosotros.

A nivel laboral me encantaría que la Administración Pública apostase en el futuro decididamente por el teletrabajo. En pocos días se ha hecho un esfuerzo muy grande para que fuera posible y se ha conseguido, por lo que creo que, con más tiempo y mejores medios, se podría obtener un resultado excelente. 

Creo que todos hemos demostrado sobradamente responsabilidad, dedicación y eficacia y que, de hecho, ahondar en la confianza en todos nosotros fomentaría aún más nuestra implicación y nuestro compromiso con nuestras organizaciones. Pienso que la Administración Pública tiene una oportunidad de oro para modernizarse en sentido amplio, corrigiendo ciertos errores organizativos básicos.

En cuanto a mi función específica, seguro que habrá cambios. Dado que somos un servicio público que vela por la ciudadanía, tendremos que poner mayor énfasis en la higiene y la limpieza, sin olvidar, eso sí, que muchas acciones deben realizarse desde la educación. Y es que no es posible (y no tiene sentido) poner un policía en cada parque para que la gente mantenga el distanciamiento social, use mascarillas, etc., y evitar así un nuevo repunte de la pandemia.

El espacio público, que ahora ha estado en desuso o acotado, es el espacio compartido donde se convive socialmente. Ahora mismo hay un enorme anhelo por volver a disfrutar de ese espacio, así que, con la mayor afluencia y el aumento del riesgo de pandemia, deberemos intensificar el mantenimiento, diversificar sus usos, etc. 

Se ha puesto claramente de manifiesto que las ciudades necesitan mayor superficie para las personas, para pasear, hacer deporte y acercar la naturaleza a los hogares y, todo ello, adaptado para las diferentes edades y capacidades de los ciudadanos. 

No es nada nuevo, pero ahora todo ocurre a contrarreloj. Y nos hemos vuelto a dar cuenta de golpe de que las ciudades deben ser de las personas.

Entonces, ¿qué cambios u oportunidades vislumbras en el medio y largo plazo en tu ámbito de actuación?

No sé si los vislumbro o solo son deseos, pero en primer lugar me gustaría que todos interiorizásemos que lo público es de todos y, por lo tanto, también nuestro y compartido. 

Y que, como tal, deberíamos cuidarlo, mantenerlo limpio, no vandalizar e incluso advertir a las personas que tratasen mal una propiedad tuya, mía y de todos. Creo que no hay consciencia de que los costes de mantenimiento son una barbaridad y de que los pagamos todos. Si se redujeran los daños y mejoraran los cuidados propios del buen uso sería posible invertir más en mejoras de estas u otras infraestructuras también críticas y necesarias. 

También desearía que se pusiera en valor el servicio público. Trabajamos tanto como cualquiera, con responsabilidad y profesionalidad. Para mí es un orgullo desarrollar esta tarea, no un privilegio gratuito. 

Todos deberíamos tener en un radio próximo a nuestros hogares un espacio verde, corredores que permitieran el paseo, plazas donde poder estar y convivir con amigos y vecinos, espacios donde los niños pudieran jugar, donde se pudiera hacer deporte al aire libre, comercios locales que dieran servicio y amenizaran las calles. 

Por ello, creo que se debería re-estudiar la ciudad como la suma de muchos barrios, donde cada uno de ellos sea la entidad administrativa relevante para el ciudadano. Y a la vez, nosotros los técnicos, deberíamos ser capaces de hacer que esos espacios fueran atractivos, variados, integradores y seguros, para que los ciudadanos los entendieran como propios y desearan disfrutarlos.

En definitiva, ¿cómo crees que tu organización debería transformarse para volverse resiliente en el futuro? ¿Qué alternativas vislumbras, más allá de la socorrida (y no siempre efectiva) “reducción de costes”? 

Creo que para que una organización sea resiliente, sus partes también deben serlo. Y eso afecta tanto a los trabajadores como a su sistema de gestión. 

La Administración Pública en parte lo es, pues debe adaptarse a menudo a cambios, especialmente tras relevos de gobierno. A pesar de ello, hay elementos que permanecen inamovibles en el tiempo, casi enquistados, y no aportan ninguna flexibilidad al sistema. 

Debemos recordar que para que una transformación sea exitosa, no solo debemos adaptarnos organizativamente, sino que debemos además hacerlo con positividad, con ilusión. Por ello pienso que el factor humano es importantísimo, y que es ahí es donde más se debería trabajar en el sector público. 

Creo que cuestiones como la motivación, el crecimiento y desarrollo de los equipos, que tanta importancia tienen en el ámbito privado, deberían tratarse de inmediato. En este sentido la Administración Pública creo que va unas décadas por detrás.

En la misma línea, las organizaciones públicas deberían trabajar de forma más transversal, con estructuras menos jerárquicas a nivel interno y estar además mucho más abiertas al exterior, a compartir conocimientos con el sector privado y también con otras ciudades. 

 

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