Como el aire para respirar – Por qué contratar en los equipos a submarinistas

© One Breath around the World – Guillaume Néry / Julie Gautier (A plein souffle, Glénat 2019)

Tuve la oportunidad de descubrir por primera vez este cortometraje de Guillaume Néry (https://www.youtube.com/watch?v=OnvQggy3Ezw) el pasado mes de Noviembre de 2019 en el pase que se hizo en la 43 edición del Ciclo Internacional de Cine Submarino de San Sebastián. Y ya entonces me dejó sin respiración.

Yo me encontraba allí, con mi familia, acompañando al equipo de We Are Water Films (http://wearewaterfilms.com/we-are-water/) con el que tuve el honor y el placer de participar, junto a mi marido y mi gran amiga Judith de la Rosa (https://www.submaldives.com/), en la grabación de la película “Un paso de Gigante” de Daniel Aldaya, ganador de la Barandilla de Oro en el apartado de grandes documentales. Guillaume Néry ganó también el máximo galardón en su categoría (cortos). 

Y anoche, buscando otras cosas en Youtube, fui a parar por casualidad de nuevo a él y lo volví a ver. Y de nuevo me capturó. Son apenas 13 minutos en los que, como al protagonista, me pareció que se me cortara la respiración por completo. 

Guillaume Néry, uno de los mejores (y más mediáticos) apneistas del mundo, nos presenta en su increíble corto un viaje por algunas de las maravillas submarinas del planeta: partiendo de una playa de su ciudad, Niza, nos lleva primero a las estructuras submarinas de Yonaguni en Japón para transportarnos luego, a través de un halo de luz, bajo los hielos de Finlandia, aparecer poco después en la nube de sulfhídrico del cenote Angelita en el Yucatán (México) y sus árboles hundidos y presentarnos de pronto a un pescador bajau del archipiélago Joló de Filipinas. Y de ahí nos lleva a lugares con una fauna maravillosa (en mi humilde opinión, aquí hubieran faltado las mantas de Maldivas en inmersión nocturna), buceando con cientos de tiburones grises en la Polinesia, con cachalotes dormidos (en vertical) en la isla Mauricio y con ballenas yubarta que, con sus cantos (¿serían éstos realmente los cantos de sirena que escucho Ulises en su Odisea?), parecen en este caso despertarle (a él y a nosotros) de su sueño y llevarle de nuevo a su punto de inicio, su playa de Niza, en la que vuelve a salir del agua. 

Y todo eso me llevó a pensar en los cientos de escenas extraordinarias, emocionantes y conmovedoreas de la naturaleza en su máxima expresión y pureza que yo misma, también submarinista (no apneista), con casi 1.000 inmersiones realizadas en prácticamente el mundo entero, he tenido la inmensa suerte de experimentar en mi vida. No sé cuántas veces he llorado de emoción bajo el agua. Y al salir y compartir lo vivido con mis compañeros.

Como nos cuenta el increíble Sebastián Álvaro en su inspiradora charla BBVA Aprendemos Juntos (https://www.youtube.com/watch?v=SaNsZMXFS8Y), los océanos y su vida, son seguramente la última frontera que nos queda por explorar en este mundo. 

Yo llevo casi 30 años haciéndolo y de lo que he me dado cuenta es de que, aunque todas esas escenas imborrables (y las que, espero, me quedan) permanecerán en mi memoria por siempre, el tesoro más importante que he encontrado bajo los mares han sido las personas con las que he compartido todo eso, los otros submarinistas. Muchos y muchas de los cuales son hoy mis mejores amigos y amigas, hermanos y hermanas. Y que son la razón de este artículo. 

 Nuria Martin con manta birostris (Maldivas) – © Foto Tony Juan
Nuria Martín en la boca del cenote Angelita (México) – © Foto Luis Úbeda

Algunas publicaciones de los últimos tiempos han puesto de moda y exaltado las bondades de contratar nadadores de alta competición o ajedrecistas profesionales, en base a las competencias que, gracias a esos deportes, seguro habrán desarrollado. Sin embargo, para mí, en estos tiempos que corren, esos deportes tienen ambos un grave inconveniente: son profundamente individualistas y competitivos.

Por ello creo que hoy en día los valores, las habilidades y los comportamientos asociados al submarinismo deben darse a conocer.

En primer lugar, el submarinismo no es un deporte competitivo per sé. Allí abajo no se va a ganar nada. Al menos, nada material. Nuestro premio siempre es ver, contar y compartir lo vivido. 

Y es que el submarinismo es el único deporte, que yo sepa, que está regulado y jamás se puede practicar en solitario en modalidad amateur. En él funciona o rige lo que los americanos llaman el buddy system. Antes de saltar al agua, siempre se repite y se chequea una pregunta clave: ¿quién es tu buddy en esta inmersión? Es decir, quién es tu persona de confianza, esa persona que va a cuidar de ti, que va a estar pendiente siempre de ti en todo, de cómo estás, de dónde vas, de cuánto aire tienes, etc. Y para quien, además, tú harás exactamente lo mismo por él o ella.  Yo cuido de ti y de mi. Y tú de ti mismo/a y de mi. Double check siempre. 

Para mi el submarinismo es, por encima de muchas otras cosas increibles, un deporte en el que se aprende a prestar atención plena al otro, respeto, cuidado e interés sincero y, sobre todo, a construir relaciones de confianza con otras personas. Porque ponen su vida en tus manos. Y tú la tuya en las suyas. 

Por cierto, frente al sentir popular, el submarinismo es uno de los deportes con menor tasa de incidencialidad (el alpinismo, todos los deportes de motor y hasta el fútbol le superan en ese apartado) y en ello el buddy system juega seguro un papel crucial.

Yo de hecho lo utilizo habitualmente en todos mis cursos. De poco sirve que una persona defina su PAP (Plan de Acción Personal) de mejora si no tiene a alguien que le acompañe en el camino, no como “supervisor”, sino como colega, como compañero de fatigas, que comparta penas y glorias y que anime y nos haga pensar más allá. Porque debe ser otra persona con un PAP también definido y similar. Los resultados, lo tengo comprobado, se disparan. Es como pensar en salir a hacer running sólo/a cada día o tener un/a compañero/a fiel que te obliga sin imponer, que te acompaña y soporta siempre. 

Pero es que además el submarinismo requiere de una serie de habilidades imprescindibles que, con los años, se desarrollan inevitablemente. 

En primer lugar, requiere de cierta audacia, combinada con una buena dosis de autoregulación emocional, de orientación a soluciones y de creatividad en todo momento. Desde luego, nadie va allí abajo a dejarse la vida. Y, sin duda, todos los submarinistas sentimos algo de miedo alguna vez. La valentía no consiste en no tener miedo, sino en saber gestionarlo. Algo de miedo siempre es útil, porque te obliga a ser consciente, cuidadosa y a estar atenta a todo. Pero, en cualquier situación vital, si el miedo nos atenaza, es imposible avanzar hacia nada positivo. 

La audacia, una adecuada autoregulación emocional y la orientación creativa a soluciones son probablemente la base en realidad de todo progreso humano. Sin cierto riesgo no puede haber avance, pero riesgo “con cabeza”. 

De hecho, hoy es sabido además que quién controla su respiración, controla sus pensamientos (porque se regula el funcionamiento de la amígdala) y ese es un ejercicio básico que todo submarinista experimentado aprende: somos capaces de cambiar bajo el agua el ritmo de inhalación-exhalación para disminuir nuestro consumo de aire.

Todo ello requiere, por supuesto, de un intenso proceso de autoconciencia, de autoconocimiento personal y de propiocepción. Quién no se conoce a sí mismo/a, difícilmente puede mejorar algo.

Y, además, debemos planificar una inmersión y llevarla a cabo con éxito siempre con limitaciones de tiempo (máximo 60 minutos de inmersión habitualmente), de profundidad y de recursos (si acabamos el aire de nuestras botellas, nos ahogamos). Circunstancias habituales y cruciales en todo proyecto en el mundo de la empresa y las organizaciones.

Por tanto, los submarinistas somos constructores de relaciones de confianza, con alta autoregulación emocional, orientación creativa a soluciones y funcionamiento habitual bajo cierta presión de tiempo y con recursos limitados. 

Y por si eso fuera poco, personas abiertas al mundo, a la experiencia, en aprendizaje constante y capaces de apreciar la belleza, con un profundo respeto por la naturaleza y plenamente conscientes y humildes antes la inmensidad de nuestro mundo y la insignificancia del ser humano, especialmente ahí abajo y, sobre todo, si no nos apoyamos en nuestros compañeros. 

¿Qué más se puede pedir? 

Os adelanto ya que, así como el trekking de alta montaña (en los Himalayas) fue el hilo conductor en mi libro “Venta Positiva”, el submarismo tendrá un papel crucial en mi próximo libro, que ya estoy escribiendo.

Y es que mi gran sueño pendiente es realizar algunos de mis cursos a grupos en cruceros de buceo (a ser posible en las Maldivas, en el barco de mi querida gran amiga Judith de la Rosa) y combinar los aprendizajes con inmersiones o actividades de mar que los ejemplifiquen, haciendo los cursos verdadera y profundamente experienciales. En cuanto los tenga listos os aviso para que os vengáis. Lo prometo. 😉

www.nuriamartin.com

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