El Día de la Marmota – Sobre nuestro proceso adaptativo y el autoliderazgo

© Groundhog day – Atrapado en el tiempo (1993) – Columbia Pictures

En esta ocasión os traigo otra de mis comedias favoritas, pero que de ligera no tiene nada en absoluto.

Cuando se estrenó en el año 1993 tuvo un éxito moderado (fuimos a verla al cine cuatro gatos contados). Por suerte, el paso de los años le ha ido otorgando el reconocimiento que creo merece y en el año 2006 la película se agregó al National Film Registry de los EEUU (es decir, se conservará por siempre en la Biblioteca del Congreso), como «cultural, histórica o estéticamente significativa». Además, desde 2016 forma parte de la lista de las diez mejores películas estadounidenses de todos los tiempos del America Film Institute (AFI), ocupando el puesto número 8 en la categoría de «género fantástico» (extraído de Wikipedia). 

Y para muchos de nosotros es, a día de hoy, película de culto.

Incluso ha ocurrido que la expresión “el día de la marmota” ha pasado además a formar parte del imaginario colectivo y representa una situación que se repite una y otra vez. 

Que es exactamente lo que le ocurre al protagonista, Phil Connors (Bill Murray). Él, presentador del tiempo en la TV, arrogante y egocéntrico, tiene que ir a cubrir la noticia del Día de la Marmota al pequeño pueblo de Punxsutawney (Pensilvania) con un equipo de su cadena: un cámara y una nueva productora, Rita (Andie McDowell), de la que, por supuesto, sin decirlo ni reconocerlo en absoluto, se enamora instantáneamente al conocerla.

Él se comporta como un auténtico cretino durante todo el día que dura el evento de la Marmota, una tradición americana que se realiza en Febrero, con una marmota que se llama como él, Phil, y que se utiliza para predecir si el invierno será anormalmente largo o la primavera llegará pronto. 

Transcurrido el día, el equipo de grabación tiene que volver a su ciudad, Pittsburg, pero en el camino se desata una tremenda tormenta de nieve que les hace tener que dar marcha atrás y regresar al pequeño pueblo de Phil (la marmota) para quedarse a dormir. 

Y a partir de ahí, el día de la marmota se repetirá inexorablemente cada día una y otra vez (según algunos frikis que lo han estudiado, durante 30-40 años aproximadamente). Y, eso sí, él es el único que, aunque vive siempre el mismo día, no olvida como los demás lo que ocurre en la jornada y no “resetea” cada vez que se va a dormir, sino que todo lo que va viviendo, todas sus experiencias, las recuerda, quedan en él. De ahí que en España la película se tradujera con el nombre de “Atrapado en el tiempo” (siempre estas traducciones libres de los títulos, en fin).

No sé a vosotros, pero a mi con esta pandemia, la nueva ola de contagio, el estado de alarma y todo lo que acompaña, siento que me está pasando un poco lo mismo.

Y ello fue lo que me hizo ver de nuevo la película. Y, para mi sorpresa, me di cuenta al verla esta vez, de que Phil (el presentador, no la Marmota) pasa por una serie de fases y estados emocionales muy similares a los que estamos atravesando muchos desde el inicio de la pandemia y, que, por tanto, quizá se podrían extraer aprendizajes interesantes. ¿Lo vemos?

En efecto, en primer lugar, Phil siente una total incredulidad y una enorme angustia vital: no puede ser verdad que cada día a la misma hora el despertador le despierte con la misma canción (I got you babe – Sonny&Cher), que se encuentre con las mismas personas en el hotel, en la calle, que le digan las mismas cosas… Que vaya a vivir de nuevo el mismo día una y otra vez. ¿Os recuerda algo? ¿Cuántos de nosotros nos dijimos “no puede ser que esto esté pasando, que el mundo entero se haya parado”? Esa fase, sin duda, la hemos pasado todos.

Cuando Phil acepta que eso parece ser así, entonces entra en una fase puramente epicúrea (o más bien hedonista): se entrega totalmente al disfrute de los placeres (o más bien excesos) de la vida. Así la película nos brinda escenas muy graciosas de él bebiendo lo que quiere, comiendo pasteles sin parar, fumando compulsivamente, intentando ligarse de todas las formas posibles a la chica, etc. ¿Os acordáis de que la venta de alcohol en supermercados las primeras semanas de confinamiento se disparó? Por no hablar de todos los componentes necesarios para hacer pasteles y dulces en general. Lo mismo. Lo que ya no logro comprender bien fue la locura con el papel higiénico, pero esa es otra historia. 

A continuación, Phil entra en una fase completamente maníaca: dándose cuenta de que sus actos no tienen ningún tipo de consecuencia (al día siguiente todo volverá al punto de inicio), elimina cualquier tipo de filtro de su comunicación, conduce bebido, pega a un ex compañero del colegio que le cae mal, roba un furgón blindado e incluso intenta asesinar a la marmota Phil, con la esperanza de que ello rompa el “hechizo”… e incluso le encarcelan. Pero nada, al día siguiente vuelve a despertar en su hotel al ritmo de I got you babe. ¿Habéis estado en esta fase? A mí me da que con el toque de queda perimetral municipal de fin de semana que nos acaban de imponer (en Cataluña), alguno va a hacer una regresión profunda y se va a quedar en esta fase por un tiempo…

Phil se da cuenta así de que puede ser transgresor e ir al límite sin que pase nada. Y en ese punto, decide aprovechar todo eso para seducir a Rita y acostarse con ella. Para ello aprenderá un montón de cosas que a ella le gustan (maneras educadas, poesía francesa… aunque a él no le interesan en realidad). Sin embargo, un día tras otro, al llegar a la habitación del hotel con Rita, ella intuye que hay algo falso en él y lo rechaza con un sonoro tortazo. Hasta que ella le dice “no puedo amarte porque nunca amarás a nadie excepto a ti mismo”.

Ese momento marcará una nueva fase en Phil, profundamente depresiva, dado que, pese a todos sus esfuerzos, no ha conseguido que ella le ame. En esos días se quedará en la cama todo el día o en la habitación del hotel viendo la tele sin hacer nada. ¿Os suena también que alguien cercano haya caído en ello?

La depresión da paso a su fase nihilista, en la que cree que en realidad su vida carece de sentido. Y ello le lleva a intentar suicidarse de todas las formas posibles, también sin éxito. 

Curiosamente, viendo (tomando consciencia) de que ni muriendo puede acabar con su destino, de pronto da un giro a su relación con Rita: habla con ella abiertamente, le reconoce su dolor, su vulnerabilidad, su desesperación y le confiesa que está atrapado, como fruto de una maldición. A lo que ella le responde que quizá el enfoque pueda ser otro…

En su mente se produce entonces un click que le lleva como a reconciliarse con la situación y con todos los que le rodean, de los cuales ya no busca obtener un beneficio personal calculado. Se da cuenta de que la responsabilidad de que algo cambie depende fundamentalmente de él. Como decía Marcel Proust, “aunque nada cambie, si tu cambias, todo cambia”. 

Phil deja de padecer su situación y pasa a vivirla de otro modo. ¿A cuántos nos ha pasado que hemos descubierto oportunidades de hacer, pensar o vivir la vida de otra manera desde Marzo?

Y entonces, se abre a una relación desinteresada con Rita y con el resto de las personas del pueblo. Aprende piano, hace esculturas de hielo y disfruta con todo ello sin esperar nada a cambio. Y, además, decide usar todo lo que sabe de lo que va a ocurrir en ese día para ayudar y que nadie sufra o muera. 

Sale de su egocentrismo cínico (en el que ya vivía encerrado como en una prisión antes de entrar en la cárcel temporal en la que está) para abrirse a los demás y a la vida. De hecho, su nombre “Phil” no está elegido al azar, dado que se pronuncia como el “feel” inglés, es decir, “siente”.

Esto, según me enseño mi adorada profesora de filosofía, Concha, es el imperativo moral y filosófico de Nietzsche del eterno retorno (que siempre ha sido tan mal entendido): el ser humano logrará transformarse en el Übermensch (superhumano) cuando logre vivir sin miedo y, por tanto, amar la vida sin más, deseando ese eterno retorno (frase extraída de Wikipedia). Es decir, Nietzsche decía que cuando seamos capaces de vivir nuestra vida de forma que queramos que se repita eternamente, seremos seres plenos, superpersonas. 

Eso, hoy en día, también decimos que es estar auto-regulado y ejercer un autoliderazgo saludable. La ciencia lo avala (la neurociencia). Plena aceptación y conciencia de nuestras emociones. Porque nuestro perfil emocional da forma a nuestras expectativas. Y nuestras expectativas dan forma a la realidad que vivimos. Y el foco y la densidad de atención deliberada pueden conducir a una evolución personal real y duradera. 

Así que, ¿cómo lleváis vuestro autoliderazgo personal en esta pandemia del eterno retorno? 😉

http://www.nuriamartin.com

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