Feedback en OT o cómo tratar a sus empleados como si fueran su familia

Lo confieso. Soy fan total de OT. Me parece sinceramente que, con el formato actual (en marcha desde 2017), es un programa ejemplar y referente en muchísimos aspectos. Y me alegro sobremanera de que tanta gente joven lo siga. Yo también lo sigo. Y casi más que las galas en sí, me gustan especialmente el primer pase de micros de los miércoles y el repaso de gala de los lunes (aunque ahí no estén todos los profesores). Y es que, en ambos casos, puedo disfrutar, no solo de los ensayos y de las actuaciones musicales de los concursantes (para mí, que amo la música, es un placer indescriptible ver tanto talento musical desarrollarse así), sino sobre todo del ejercicio extraordinario de feedback que realiza el equipo core de profesores de la academia, con Noemí Galera y Manu Guix a la cabeza.

¡Cuántos líderes de equipos deberían ver cómo lo hacen! “¿Quieren ustedes aprender a dar feedback de desarrollo a sus equipos? Pues miren por favor el pase de micros de los miércoles de OT”. Es la aplicación práctica perfecta de cómo se debe acompañar a las personas y a los equipos a crecer y mejorar constantemente. Sin dejar nunca, pero nunca, de transmitir los aspectos mejorables y a trabajar. Pero sin olvidar tampoco jamás de alentar a las personas.

Y, por si eso fuera poco, pese a que se trata realmente de un concurso en el que “sólo puede quedar uno”, nunca, pero nunca tampoco, verán que promuevan la competitividad entre los participantes. Jamás. Al contrario. Todos forman una gran familia. Todos. Y eso es algo que se cuida intensamente. De hecho, en las semanas iniciales, todos los concursantes deben actuar con otro/a compañero/a, haciendo un dúo. Y lo que se valora por encima de todo es, junto al desempeño de cada uno/a, el trabajo realizado por cada una de las dos personas por ayudar a la otra, la sintonía y la compenetración entre ellas. El resultado del “paquete” al completo.

La semana pasada, mientras comía con un grupo de vendedores a los que estaba dando un curso de formación, les propuse un pequeño experimento. Les pedí que imaginaran por un momento que eran nombrados responsables de la selección de nuevos vendedores en su empresa. Y entonces, le pedí que me respondieran rápidamente cuál sería la cualidad, competencia o habilidad que valorarían más que ninguna otra. ¿Saben qué dijeron? ¡Todos, sin excepción, respondieron que el trabajo en equipo y el compañerismo! ¡Todos!

Y, sin embargo, no paro de ver cómo los responsables de equipos (de ventas y de todo tipo de equipos) no paran de promover la competitividad interna entre sus miembros. Mis vendedores se lamentaban amargamente de eso: “¿cómo no pueden darse cuenta de que así no vendemos más ni hacemos las cosas mejor, sino todo lo contrario?”. Yo también me lo pregunto sin parar.

¿Alguien se imagina que algún padre o madre hiciera eso con sus hijos/as? ¿No les resultaría inimaginable promover la guerra abierta entre sus hijos/as para “hacerlos mejorar”? ¿En qué mejorarían así, se puede saber? Impensable, ¿verdad?

Esta semana también he empezado a leer el libro Todo el mundo es importante. El extraordinario poder de tratar a tus empleados como si fueran tu familia de Bob Chapman y Raj Sisodia. Como los autores dicen también en la portada de su libro “el libro que todo presidente ejecutivo debería leer”.

Y si no lo quieren hacer por pereza o falta de tiempo, por lo menos prueben a mirar los pases de micros de los miércoles de OT. Por favor. Gracias.

Ésta y otras cuestiones similares sobre equipos ágiles también las encontrará en mi libro Venta Positiva. ¿Se atreve a venir de viaje?

Esta web utiliza ‘cookies’ de terceros. Al hacer clic a seguir navegando está aceptando el uso que realizamos de las cookies. Para más información puede consultar nuestra Política de privacidad.