Gestionar la incertidumbre

Esta tarde un nutrido grupo de Alumni (de diferentes promociones) del máster internacional de Desarrollo Organizacional del gran profesor @Itamar Rogovsky nos hemos reunido con él en una sesión vía zoom que llevaba por título “Gestionar la incertidumbre”.


Confieso que tenía cierta esperanza en que un hombre como él, de 84 años, con una vitalidad envidiable, descendiente de judíos centro-europeos llegados a Argentina huyendo de la persecución nazi y del holocausto, que partió con su familia desde allí a Israel en el momento de su creación, que ha participado en primera persona en momentos cruciales a nivel geopolítico de la historia moderna, tales como la guerra de los seis días y, que vive de hecho en Israel, podría aportarnos algo de luz en esta situación tan absolutamente incierta que estamos viviendo (a la que, desde luego, nosotros los europeos instalados en el estado del bienestar no estamos, ni de lejos, habituados).

Y, sí, ha aportado luz, pero probablemente una luz con un tono bien diferente del que muchos esperábamos. Para mí ha sido muy impactante oírle decir “lo que antes parecía absurdo, ahora es real; los viejos como yo pensábamos que estas cosas sólo podían ser cuentos bíblicos, pero no, está pasando de verdad”.

Y “¿qué podemos esperar del futuro, Itamar?”, le hemos preguntado. “Depende de nosotros” ha dicho.

Lo que también ha dicho es que el paradigma del mundo VUCA (Volatility, Uncertainty, Complexity and Ambiguity), acrónimo inventado en los años 90 por la US Army War Collegue al final de la guerra fría con la URSS, debía estar más presente en nuestras mentes que nunca y que además había que sumarle dos letras más: VUCA+IF.

La “I” por “Instantaneous”, porque los cambios ya no es que vayan a ser rápidos, sino que serán sobrevenidos y no los veremos ni llegar (como nos ha ocurrido ahora con el covid-19). Y la “F” por “Friction”, porque se van a generar fricciones en el mundode un calado inimaginable, que tendrán que llevar irremediablemente a nuevas formas de “coo-petición” (mezcla de cooperación y competición).

En este nuevo mundo que surgirá de esta emergencia mundial a todos los niveles, nuevas maneras de hacer aparecerán. Él, al que tanto gustan las referencias bíblicas, contaba “cuando José salió del pozo al que sus hermanos le habían tirado, surgió como un hombre nuevo. Cuando se sale de un pozo, se sale siempre renovado. Eso mismo nos va a ocurrir a las personas y a las organizaciones”.

¿Cuáles son esas nuevas formas? No lo podemos saber. Nadie. Pero seguro que nada volverá a ser igual. “Deberemos acompañar a las organizaciones en su proceso de duelo, de despedida de sus viejas formas de funcionar. Muchos esperan que esto se acabe para volver a la rutina de antes, pero eso no va a ocurrir. Y, sin duelo, no se abrirá paso a los nuevos tiempos”.

Lo que es seguro es que vamos a necesitar #rapidez en las respuestas (mejores o peores, pero deberán ser siempre rápidas), #creatividad para esa “improvisación planificada” que tanto le gusta a él (“ya no será posible planificar nada”), #resiliencia, para reinventarse sin parar y #responsabilidad (“quién no cumple con las indicaciones de sus gobiernos y de sus ministerios de sanidad es un criminal contra la humanidad, sin más”). Y yo quiero pensar que también un nuevo #humanismo. La persona de nuevo en el centro de todo.

Y es que, si alguien pensaba que la incertidumbre se podía gestionar, bienvenidos a la realidad… La incertidumbre, que se intuye como el río en cambio constante y disruptivo que ya Heráclito probablemente imaginaba, no se puede “gestionar”, como mucho se surfea… y hay que atreverse a subir a la tabla. No queda otra. Y si te caes en la ola, volver a subirte.

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