Judith Puigbò:

“Serán los propios alumnos los que aportarán sus conocimientos al aula, que se convertirá en un espacio de debate, al más puro estilo de la antigua ágora griega”

Soy Directora Asociada de Admisiones para Medio Oriente en ESADE Business School (aunque participo en esta entrevista a título personal, no en nombre de ESADE)

¿Qué afectación está teniendo para ti la pandemia de Covid-19?

A nivel personal ha sido un frenazo en seco para lo bueno, pero también para lo malo. Empecé el confinamiento en modo pánico y poco a poco esa energía la he podido canalizar en positivo aprovechando este regalo que ha sido el tener tiempo para compartir con mi familia, un bien muy escaso últimamente en mi vida, debido a los constantes viajes míos y de mi marido. Tenemos dos niñas de 9 y 12 años para ellas ha sido como un regalo poder disfrutar de estos días juntos.

Me gustaría compartir una anécdota personal que hemos vivido en casa: a mi hija mayor su tutor le sugirió que hiciera un diario durante el confinamiento y pensé “venga, yo también haré el mío”. Y empecé explicando mis temores, a la par que iba actualizando los datos de nuevos infectados y defunciones en Cataluña y en España… me centré sólo en lo negativo. Pero al cabo de unos días, a mi hija pequeña su tutora le pidió que cada noche, mientras cenábamos todos juntos, habláramos de las cosas positivas del confinamiento. Y la verdad es que cada día se nos ocurren nuevas cosas positivas que ha traído el Covid-19.

No soy una persona que tienda al pesimismo, pero sí a cierta ansiedad. Y si soy optimista no lo soy de forma innata, ¡me obligo a ser optimista! Creo que hay optimistas que nacen, pero otros se hacen. ¡Y yo soy del segundo tipo! A mí me ayuda muchísimo escribir (creo mucho en el poder de la palabra escrita). Así que me gustaría aprovechar la ocasión, para sugerir que todos escribamos (o al menos pensemos) en las cosas positivas que nos ha traído esta pandemia tanto a nivel particular (en mi caso, el tiempo de oro con la familia), pero también a nivel de sociedad (preciosas las fotos de los canales de Venecia con las aguas cristalinas, por ejemplo). Es cierto que, a día de hoy, no tengo ningún familiar ni amigo cercano afectado (aunque si amigos o familiares de amigos). Imagino que, si tuviera un familiar en el hospital, no estaría tan optimista. Desde aquí, por supuesto, todo mi apoyo a las familias que tienen a alguien grave o que han tenido que lamentar una pérdida.

A nivel profesional he de decir que en el proceso de admisión estamos manteniendo el ritmo normal típico de estas fechas, aunque es cierto que con la incertidumbre constante del qué pasará. Por suerte tenemos un gabinete de crisis trabajando a diario y un equipo humano al 200%.

En cuanto a los alumnos en curso, nuestra prioridad ha sido no cancelar clases. Hemos pasado de ser una escuela muy presencial (sí, tenemos algunos cursos online pero no son, hasta el momento, nuestro core business) a ser una escuela 100% online y, todo, en 24 horas (Microsoft Teams y Zoom son algunas de las herramientas que nos han ayudado).

Cuando todo esto acabe y puedas retomar tu actividad normal, ¿qué cambios crees que vas a realizar en el corto plazo?

A nivel personal creo que voy a valorar más los pequeños placeres, como salir a caminar por la montaña, el campo o el mar (todo tan cerca de Barcelona…). Y lo primero que haremos, sin duda, es una comida familiar para achuchar a mis padres y hermanos (¡y lo segundo ir a la peluquería!).

A nivel profesional siento una profunda gratitud por los alumnos y candidatos que nos han estado dando ánimos: creo que dedico al menos una hora al día a agradecer muestras de apoyo de todo el mundo. Actualmente soy una adicta a Skype, pero tengo unas ganas enormes de reestablecer mi rutina de viajes y volver a las entrevistas cara a cara.

En cuanto al próximo curso académico, estamos trabajando con el supuesto de poder empezar el año académico en septiembre con toda normalidad, pero evidentemente ahora es pronto aún para establecer una fecha exacta de fin de confinamiento. Esperemos que sea más pronto que tarde.

También debo decir que en el equipo estamos ahora más conectados que nunca (el chat echa humo), pero ¡qué ganas de darles un abrazo! Me gustaría ser capaz de hacer que nada de todo esto se pierda con la vuelta a la normalidad.

¿Y qué cambios u oportunidades vislumbras en el medio y largo plazo en tu organización?

En resumen: transformación digital y humanista a la vez.

No está bajo mi responsabilidad directa, pero creo que es claramente donde ESADE en particular y el sector educación en general (y todos los sectores me atrevería a decir), deberán invertir gran parte de sus recursos financieros y humanos.

ESADE ya ha hecho grandes inversiones en los últimos años en este sentido, pero claramente tendrá que hacer un esfuerzo aún mayor. La buena noticia es que a medio plazo la inversión tecnológica supondrá un ahorro de costes.

Y no hablo solo de clases online: en realidad todo el ciclo de vida, desde el proceso de admisión hasta el acompañamiento post-programa, pasando por la entrega de trabajos, las notas, la expedición del título… ¡todo se puede repensar en clave digital! No digo que vayamos a ser todos sustituidos por robots (al menos no a corto plazo), pero sí que puede ser un complemento enriquecedor y que incluso algunas tareas rutinarias de poco valor podrán ser sustituidas.

Y, por supuesto, creo que se producirá una tendencia cada vez mayor a trabajar por proyectos, de forma que la habilidad de trabajar en equipos diversos será absolutamente imprescindible.

También el trabajo en aula probablemente deberá cambiar. Nuestro profesorado tiene el reto permanente de estar siempre al día de contenidos y tendencias en este mundo VUCA tan cambiante y con un público cada vez más exigente que tiene toda la información a un click de distancia. En este sentido, me parece que el profesor ejercerá cada vez más un rol de moderador, de facilitador, con grandes dotes de dinamización, de forma que serán los propios alumnos los que aportarán sus conocimientos al aula, que se convertirá en un espacio de debate, al más puro estilo de la antigua ágora griega. Al mismo tiempo, creo que veremos un resurgir de las humanidades: los contenidos académicos más hard pasarán a ser una commmodity (necesarios, pero no suficientes) y tendremos que ser capaces de formar a las personas en valores, en habilidades que los preparen para afrontar crisis como la actual, a través de la resiliencia y la velocidad de adaptación al cambio.

De hecho, si alguien quiere anticipar el mundo que viene a todos los niveles recomiendo fervientemente la lectura del libro “21 lecciones del siglo XXI” de Yuval Noah Harari.

En definitiva, ¿cómo crees que tu organización debería transformarse para volverse resiliente en el futuro? ¿Qué alternativas vislumbras, más allá de la socorrida (y no siempre efectiva) “reducción de costes”?

Nunca he sido una gran defensora de la reducción de costes porque es un camino de muy corto recorrido, siempre he sido más partidaria de invertir en innovación y, mucho más, en época de crisis, que es cuando más toca reinventarse.

Pese a ser una analógica recalcitrante, me temo que la educación online ha venido para quedarse y la verdad es que ahora ¡creo que para bien! No como fórmula sustituta al 100%, pero sí como claro complemento de la formación presencial. Por tanto, auguro en los próximos meses una fuerte inversión en tecnología para crear aulas virtuales que se parezca lo más posible a un aula de verdad.

Dentro del sector educación, quizás las escuelas de negocios somos unos privilegiados. La competencia internacional nos obliga a no bajar la guardia jamás y teníamos el equipo y la tecnología para adaptarnos al nuevo entorno en 24 horas.

Pero como madre de dos niñas de 9 y 12 me ha decepcionado la poca cintura para adaptarse de los colegios en general. Es cierto que los maestros ponen toda su voluntad, pero no entiendo que muchos colegios no hayan ofrecido ninguna clase virtual o alguna pero residual (van mandando mails con ideas y con tareas y poco más) y, en cambio todas las extraescolares de mis hijas (y hablo de pequeñas academias de barrio) en 1 semana ya ofrecían clases inglés online, clases de trompeta online, clases de ballet online, etc. (¡no he podido ahorrarme ni una cuota de extraescolares! 😉). Y me pregunto ¿dónde está el espíritu emprendedor y de superación en nuestras escuelas? En un país donde los colegios tienen 3 meses de vacaciones ¿en serio vamos a permitir 3 meses adicionales de enseñanza perdidos? Creo que el sector de la educación tiene que hacer un ejercicio de autocrítica y prepararse seriamente para el futuro. Y no creo que los recortes de los fondos públicos sea una excusa (que no ayuda está claro) porque si la profesora free-lance de inglés de mis hijas puede adaptarse en una semana (ofreciendo clases individuales y grupales por Zoom), cualquier colegio con un sólido proyecto educativo debería también ser capaz de hacerlo.

Espero que esta crisis sea una oportunidad de mejora de la educación de nuestros hijos, los futuros líderes que tendrán que afrontar las próximas crisis que seguro vendrán.

Entretanto cuidaros mucho y mucha fuerza a los que la necesitan.

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