Marta Elias:

“Va a ser necesario modificar las normativas urbanísticas, de edificación y de construcción para volverlas más humanas”

Soy la co-fundadora con mi pareja de m+p arquitectures, un estudio de arquitectura ubicado en Sant Cugat del Vallés, Barcelona.

Nuestro pequeño estudio de arquitectura (no nos gusta ni llamarnos empresa), nació en el año 2004. En ese mismo año fuimos seleccionados para los Premios FAD con un proyecto de 5 viviendas en un conjunto edificatorio existente fuera de normativas a través de un estudio de detalle urbanístico en el barrio de Gracia de Barcelona.

Por convicción, nos gusta mantenernos pequeños, siempre cercanos a nuestras obras y clientes, a los conceptos arquitectónicos que nos gusta defender, porque son aquéllos en los que creemos.

Para nosotros la sostenibilidad en este mundo global tiene que ver con redibujar lo propio, lo local, aquello que configura nuestra identidad.

¿Qué afectación está teniendo para ti la pandemia de Covid-19? 

A nivel personal, imagino que cada cual tiene su propia historia. Pero, como todo el mundo, intentamos sobrellevarlo de la mejor manera posible. Eso sí, me ha dado tiempo para pensar. 

A nivel profesional, la verdad es que hemos hecho una semana escasa de confinamiento porque estamos implicados en obras de interés general, como por ejemplo la construcción del hospital de campaña del Hospital Universitari Germans Trias i Pujol (HUGTiP) de Can Ruti en Badalona, en la cual colaboramos. Y todo ello con muchísimas prisas y muchísimo estrés, como podréis imaginar. 

Además, ese proyecto en concreto nos está haciendo vivir muy intensamente, junto a los profesionales sanitarios, las carencias de nuestro maltratado sistema público de salud que ahora a toda prisa ahora intenta dotarse de las infraestructuras que necesita. 

Cuando todo esto acabe y puedas retomar tu actividad normal, ¿qué cambios crees que vas a realizar en el corto plazo? 

A nivel personal, lo tengo claro, vuelta a lo básico, al “Gallinero”, la casa de mis padres en Menorca. Si el trabajo me lo permite, me gustaría irme al menos unos días y tratar de comprender mínimamente qué es lo que ha pasado. Lo que nos ha pasado como humanidad. Ese tren que nos ha arrollado sin que lo viéramos venir. O sí. 

He tenido la suerte en la vida de haber tenido buenos maestros, tanto en lo profesional como en lo familiar. Maestros que me han enseñado siempre a ser crítica y reflexiva. Y a estar sobre todo atenta a los grandes momentos de cambio, que son aquellos en los que tenemos la oportunidad de aprender más. Pero el aprendizaje requiere de preguntas y respuestas, que no son todas inmediatas. Así que creo que necesitaremos tiempo para encontrar, no sé si todas, pero al menos algunas respuestas.

A nivel profesional, creo que debemos seguir reivindicando, más si cabe, todo lo que tiene que ver con lo local. Nuestros materiales y sistemas constructivos. La globalización nos puede aportar conocimiento para la mejora, pero no debe hacernos abandonar lo que nos hace únicos y diferentes. 

Entonces, ¿qué cambios u oportunidades vislumbras en el medio y largo plazo en tu ámbito de actuación? 

Quizá pueda parecer radical, pero creo que va a ser necesario modificar las normativas urbanísticas, de edificación y de construcción para volverlas más humanas. 

– Las urbanísticas, las que nos dibujan el territorio, porque deberán atender a la gran lección que nos ha enseñado la pandemia: que la densificación nos perjudica. Deberíamos pensar desde ya en núcleos poblacionales menos densos. Más espacio = Más salud. Con ello podríamos además resolver el gran problema de despoblación de tantos ámbitos rurales. Y es que estos días también hemos aprendido que el teletrabajo es posible en muchas de las tareas que hacemos, más de las que pensábamos. Así que la descentralización catastral no debería afectar a nuestra capacidad de trabajo, a nuestra productividad, bien al contrario, con menos desplazamientos tendríamos menos contaminación, más tiempo para pensar, para descansar, para estar con los nuestros. Mejor vida y a menor coste, disminuyendo además la especulación del suelo. 

– Las de edificación, y es que en estos días también hemos aprendido que la tendencia creciente a contraer el espacio vital per capita tampoco funciona. Me parece además totalmente necesario que las viviendas tengan un mínimo de horas de sol al día y un espacio exterior dentro del programa funcional normativo. De nuevo en pro de nuestra salud. También en este sentido está claro que la desdensificación urbanística nos permitiría optar a más espacios y de mayor calidad. 

– Y finalmente las normativas relativas a la construcción. Desgraciadamente hace ya bastante tiempo que se ha detectado una grave incoherencia en la unificación de las normativas de construcción (CTE), que nos alejan dramáticamente de la construcción razonable en términos lugar, clima, materiales, acabados, etc. 

Y es que creo que todos deberemos adaptarnos progresivamente a los requisitos de sostenibilidad, tanto a nivel de materiales como a nivel ejecutivo. Obviamente, la transformación deberá ser progresiva, pero ya no debería haber demora posible en su inicio. 

Creo que debemos seguir analizando el por qué nos sentimos mejor en una casa común antigua que en una común contemporánea, y aplicar en la respuesta las posibilidades que tenemos hoy, que son muchas más que las que había entonces, gracias a la globalización del conocimiento. 

En definitiva, ¿cómo crees que tu organización debería transformarse para volverse resiliente en el futuro? ¿Qué alternativas vislumbras, más allá de la socorrida (y no siempre efectiva) “reducción de costes”? 

Pienso que, en la arquitectura, como en cualquier disciplina o en la vida misma, la reducción de costes solo se debería aplicar a lo superfluo. Claro, el reto es poder tener consciencia de lo que resulta prescindible en el momento actual y en el futuro y llegar a un acuerdo sobre ello. 

Creo que la arquitectura debe seguir buscando el equilibrio entre LA BELLEZA, LA FIRMEZA y LA UTILIDAD, como ya nos contaba Vitruvio el siglo I A.C. Y es que Vitruvio, como tantos otros humanistas, nunca perdió la visión de lo realmente importante. Y me parece que lo verdaderamente importante en este siglo XXI tiene que ver con nuestro PLANETA en conjunto. 

Hay que aprovechar este momento terrible, pero mágico a la vez, esa conjunción tiempo- espacio que el Covid-19 nos ha dado a todos para re-fundar las bases del Humanismo del siglo XXI. Si me permitís, en cierto modo me agrada su nombre: me recuerda a Cobi, nuestra mascota olímplica. Y si las Olimpiadas de Barcelona transformaron nuestra ciudad, quizá Covid sea un buen presagio de transformación para el mundo entero. 

Como dijo Carmen Echevarría, “lejos de desglobalizar, es necesario intentar una nueva reglamentación internacional para regular y dominar las finanzas y la economía y crear una gobernanza mundial ética, universal y solidaria”. 

El humanismo actual debe hablar claramente, por tanto, no sólo de preservar el mundo, sino de mejorarlo. Y ahí, como durante toda la historia, la arquitectura, el cómo y dónde desarrollamos nuestra vida los humanos, es y seguirá siendo un aspecto crucial a tener muy en cuenta, si deseamos tener, no ya un futuro resiliente, sino simplemente FUTURO.

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