Ramon Encinas:

"Florecerán las industrias que puedan ofrecer una capacidad de producción muy flexible, aunque sea reducida. Y esto es justamente lo que permite hacer la impresión 3D"

Soy el Director Comercial para España de Excelencia Tech, una compañía especializada en la impresión 3D de gran formato

Soy Ingeniero Superior de Telecomunicaciones y desde hace unos años vengo trabajando en el ámbito de la fabricación aditiva, también conocida como “impresión 3D”.

Para todos aquéllos que no lo conozcan, la fabricación aditiva es un tipo de producción a través del cual el material (plástico o metal) se deposita capa a capa de manera controlada allí donde es necesario, según el diseño 3D del componente concreto. Con esta técnica se pueden producir todo tipo de formas geométricas personalizadas según las necesidades de cada cliente. 

Nosotros estamos trabajando en la actualidad en publicidad de gran formato para todo tipo de compañías, y en fabricación especializada de piezas en los sectores de automoción, náutica, educación, etc.

¿Qué afectación está teniendo para ti la pandemia de Covid-19?

A nivel personal tengo la suerte que todavía no me ha tocado de cerca, pero no podemos bajar la guardia. En estos momentos lo más importante es asegurar el aislamiento y el bienestar de las personas de riesgo. En mi caso tengo una abuela de 97 años, con la que nos comunicamos por videollamada y nos preocupamos de que no le falte de nada.

A nivel profesional nos hemos organizado todos para poder trabajar desde casa y la verdad es que hemos comprobado que las nuevas tecnologías permiten poder hacer en casa prácticamente lo mismo que lo que se hace en una oficina, exceptuando el contacto personal.

Se está hablando mucho de las posibilidades de la impresión 3D para ayudar en esta pandemia, ¿puedes explicar algunas iniciativas que conozcas de primera mano?

Es conmovedor ver como todo el mundo con acceso a impresoras 3D se ha volcado para ayudar. Por un lado, la comunidad Maker, es decir, las personas que disponen de impresoras 3D a nivel particular, se han organizado en nodos territoriales para fabricar viseras de protección, que se montan a nivel de ciudad o comarca y que se entregan a centros hospitalarios, ayuntamientos u otros colectivos necesitados.

Por otro lado, las empresas pioneras en impresión 3D, junto con los propios fabricantes de impresoras, se han unido en iniciativas conjuntas con los hospitales para fabricar piezas de las que no hay stock, reconvertir productos comerciales en dispositivos médicos (como máscaras de buceo en dispositivos CPAP), o incluso diseñar y fabricar respiradores de campaña que puedan suplir la falta de respiradores en los hospitales.

En este sentido, me gustaría destacar el respirador Leitat-1, diseñado por un grupo de empresas y entidades entre las que se encuentran el Consorci de la Zona Franca, el Consorci Sanitari de Terrassa, Leitat, HP, Parc Taulí o CIM-UPC, entre otros. El proyecto acaba de obtener la autorización de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios para su distribución en España.

¿Y qué cambios u oportunidades vislumbras en el medio y largo plazo en el sector de la impresión 3D?

La impresión 3D aporta tres grandes ventajas sobre la fabricación tradicional. En primer lugar, rapidez en el desarrollo de producto. Es decir, esta tarde podemos estar fabricando la pieza que hemos diseñado esta mañana, y en seguida podemos hacer una iteración que mejore la versión inicial, con lo que en un tiempo muy breve es posible tener un nuevo producto funcionando, como los respiradores de campaña que hemos comentado antes.

En segundo lugar, las impresoras 3D nos permiten relocalizar la fabricación. Para tiradas cortas u objetos personalizados ya no hace falte recurrir a China o al sudeste asiático para su fabricación, sino que en nuestro entorno ya existen suficientes máquinas para producir de forma inmediata, como se ha demostrado en las iniciativas de fabricación de viseras o de material médico del que los hospitales se han quedado sin el suministro convencional debido al aumento de la demanda por la situación actual.

Creo que las empresas y los gobiernos van a darse cuenta de la importancia de disponer de una cierta capacidad de producción local y ello va a impulsar el mercado de la impresión 3D. Ello llevará a las empresas del sector a ofrecer productos más fáciles de utilizar y que permitan trabajar con una gama más amplia de materiales.

Y, en tercer lugar, al utilizar solo el material necesario para la fabricación de cada pieza no se generan prácticamente deshechos, los componentes tienen un coste menor y se produce de manera más sostenible.

En definitiva, ¿cómo crees que la industria debería transformarse para volverse resiliente en el futuro? ¿Qué oportunidades vislumbras?

De repente la industria ha visto como se cortaban las cadenas de suministro sin poder reaccionar. Resulta que el tan alardeado just-in-time en una cadena que une puntos distribuidos por todo el globo es más frágil de lo que parecía y en una disrupción súbita como la actual se ha demostrado sin capacidad para reaccionar. Esta experiencia forzará a las industrias a implementar cadenas de suministro más cercanas y, sobre todo, diversificadas. Donde antes el 100% de la producción de un componente estaba deslocalizado, ahora solo lo estará en un 85%. Y habrá un 15% de producción local.

Por lo tanto, florecerán las industrias que puedan ofrecer una capacidad de producción muy flexible, aunque sea reducida. Y esto es justamente lo que permite hacer la impresión 3D: fabricación a medida con tiempos de puesta en marcha hasta un 80% inferiores. 

Y lo más interesante es que además estas industrias preparadas para asumir el 15% de la fabricación local se especializarán en la fabricación de las piezas de más valor, es decir, de las piezas personalizables. Surgirán cuestiones tales como “¿por qué el asiento de mi coche tiene que ser igual que el tuyo si tú eres una persona más alta?”. Mediante la impresión 3D cuesta lo mismo fabricar dos asientos iguales que dos asientos adaptados a la ergonomía de dos personas distintas. 

Así que somos parte, sin duda, de ese futuro resiliente que estamos construyendo (perdón, imprimiendo) ya.

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